En la actualidad, podemos observar cómo existen dos ramificaciones claras con respecto a la forma de crear cine, y trasladar este arte a la gran pantalla: existen directores que prefieren técnicas y métodos a la vieja usanza, y otros tantos que confían (quizá demasiado) en el buen hacer de las nuevas tecnologías, y los ordenadores potentes. De hecho, esta última apreciación viene dada debido a que en multitud de películas, se abusa de las escenas o personajes recreados mediante CGI, tecnología que de hacerse con bajo presupuesto, suele ser demasiado evidente en la sala de cine, sacándote por completo del ambiente creado por la película, y desentonando con el resto del film.

Otra de las tantas tecnologías aplicadas a las películas de cine moderno, y que destaca por encima del resto es sin duda alguna el 3D: cada vez se realizan un mayor número de películas enfocadas a este ámbito, que parece haber resurgido con fuerza en el medio (recordemos aquellas películas algo más antiguas, para las cuáles hacían falta gafas cada una con un color distinto en el cristal; uno rojo, y otro azul).

LAS PELÍCULAS ACTUALES APROVECHAN AL MÁXIMO LAS NUEVAS TECNOLOGÍAS

Con Avatar como el máximo exponente dentro de este ámbito, que han tomado sus predecesoras como modelo,  se han vivido gran cantidad de avances desde aquel entonces, y se ha implementado de una forma mucho más natural y cómoda en el género audiovisual, sin llegar a ser intrusivo, ni forzado.

Grandes clásicos del cine se han “remasterizado”, aprovechando precisamente esta nueva implementación, para darles un lavado de cara a los gráficos del film, y de paso implementar el 3D en la misma. Es el caso de Titanic: una película que volvió a ver grandes números en taquilla pese al paso de los años, y que tuvo como excusa precisamente ofrecer una revisión de la película adaptada a los nuevos tiempos del cine moderno.

Todos los grandes periódicos y noticiarios se han hecho eco de la noticia: y es que por primera vez en la historia de la celebración de la gala de los óscars, se ha vivido un momento de gran rubor, debido a la apartura de un sobre equivocado, el cual contenía el nombre del oscar a la mejor actriz, en vez de la mejor película. Lejos de mencionar el fallo, o dar mención al más que evidente error, Warren Beatty y Faye Dunaway decidieron inventarse la película ganadora del premio, por lo que tuvieron que intervenir varios de los miembros del equipo, en pos de subsanar este fallo. Este dato pasará a la posteridad como uno de los más curiosos del mundo del cine, ya que todos pudimos ver cómo los actores y el equipo detrás de la producción de La La Land celebraba eufórico su victoria, sin saber que todo era una falsa, ya que realmente el Óscar a la mejor película lo ganó MoonLight.

Un error que tiene su aquel: todo surgió por culpa del nombre de la protagonista, escrito en el sobre entregado

Al parecer, el fallo se dió debido a causas lógicas, ya que al ser el sobre que contenía el nombre de la mejor actriz (otorgado a Emma Stone), ambos presentadores tomaron esto como un denominador común y se apresuraron a oficializar a la película que protagonizaba la actriz como la ganadora del premio.

Los participantes en la película y musical, así como todos los asistentes a la gala de los Óscar, se quedaron boquiabiertos cuando se oficializó que todo había sido un fallo, y que la realidad era muy distinta. Tras esta breve celebración, el equipo de la película La La Land dió la enhorabuena a sus compañeros de profesión. Sin embargo, sus caras largas hacían más que evidente el hecho de que no sólamente habían perdido, sino que por un momento se sintieron ganadores, motivo por el cual la desilusión posterior fue mucho peor.